sábado, 17 de enero de 2009

Carta a Francis

Me siento y me pregunto ¿Qué hago? Tengo la necesidad de comunicar algo que ni yo mismo sé; siento que tengo que avisarle al mundo de algo o tengo que decirle algo a alguien que no sea yo, porque yo nunca me hago caso a mí mismo. ¿Y si intento un poema? ¿Y si intento un cuento? ¿Un relato talvez? ¡No sé! Y esa frase es común en mí, como mi sengundo nombre.
Tendría que partir de un punto del cual tampoco tengo referencia alguna en las coordenadas de mis maquinaciones mentales. Talvez me agacho detrás de mis sentimientos e ignoro todo acto de acercamiento hacia mí o talvez sólo me dejo llevar y luego huyo de mí por temor a las tristezas y la fobia que ya le voy teniendo a mis lágrimas (me siento humano cuando lloro, también me siento imbécil que es lo mismo), talvez simplemente es el azar del azar que se dibuja en cartas maleables que le trastocan la vida a cualquiera. Talvez estos talvez no son más que simples talvez o llevan algo oculto en ellos, ¿miedo? ¿Temor a las patadas de la vida? ¿Orgullo disfrazado de bondad? ¿Experiencias malas que se transforman en sombrías soledades de mí mismo? Sí, tal vez todas ellas apiladas, una sobre otra en escala cualitativa o talvez un amalgama de todas ellas. ¡Qué digo! Una parte de mí nomás entiende todo este enredo.
Yo, mi soledad y mis cigarros: gran trío que se consumen mutuamente. Mi soledad me consume y yo a los cigarros que también me consumen por culpa (O gracia) de la soledad. ¿Qué hago una madrugada como hoy tan sola? Esto puede ser una hipótesis del porqué no puedo dormir: por la soledad y los recuerdos que son patadas. Los recuerdos son patadas y los recuerdo como tales.
No tuve en mi vida las mejores experiencias, no tuve porque nunca supe diferenciar, porque nunca me quise enterar de las maldades de las personas y me quise apoyar en su buena fe, como creyente imbécil de la resurrección de las carnes. Por esperar la resurrección de las carnes tuve que soportar tantos gusanos que ahora me carcomen: un pedacito de fe, un pedacito de fe, señores, sólo un pedacito de fe para que pueda equilibrarme, sólo un pedacito y confío en ustedes, malditos humanos del milenio y la puta que los parió.
¿Podrás deducir ahora mi temor? ¿Podrás ver ahora porqué te miro a la distancia y con un poco de remordimiento? No soy quién para exigir que no me caguen la vida, porque pareciera que los humanos tienen como hobby implícito cagarle la vida a uno y lo sé y lo siento en los mareos que ahora tengo por culpa de sentirme solo y aislado y traicionado y mundano y aburrido y sonrisa de payaso dibujada con lágrimas añejas.No tengo, hoy por hoy, una finalidad, una meta bien trazada: sólo ilusiones y sueños de futuro próspero: no me quiero trasnochar en mis sueños, no quiero ser rebelde y patear tableros (mentira, siempre lo hago), no quiero ser el mismo individuo que maldice la humanidad siendo humano también. Un pedacito de fe, señores, un pedacito de fe para creer en sus buenos sentimientos. ¡Díganme! ¡Díganmelo! ¡Adelante! ¡Háganlo! «Maldito escéptico, desconfiado, resentido social». Díganme todo eso que yo sé lo que soy y no me arrepiento. Sepan de paso que todo es por sus culpas, sus malditas culpas que dejan en cada misa sobre su pecho, sepan que esas culpas no se van con golpes simulados, sepan que esas culpas generan hombres como yo que no tendrán más solución que andar con el perfil bajo o talvez sonrientes siempre por disimular su profunda tristeza grisácea.
¿Qué he hecho? ¿Qué dejé de hacer para que me hagan esto y todo lo que les falta hacerme? Quizá tú no sepas todo, quizá estoy haciendo de todo esto un teatro (que es lo más seguro), pero no deja de ser cierto este temor hacia «algo» que involucre parte de mis sentimientos. Porque ¿las patadas llegan solas o tienen «algo» con mis sentimientos ante los ojos del mundo? (Tomado del verso: Preguntándose si las olas vienen solas o tiene algo con la orilla antes los ojos del viento).
Suspiro, apago mi cigarro. Me arrepiento de ser tan zonzo y tan bonachón (a la vez no me arrepiento). Me he tranquilizado, pero la noche sigue atrás apuñalándome.
¿Dónde quedé yo y mi sonrisa matinal? Me quedé sepa, usted, en los golpe de la vida. En esos golpes que ni Vallejo supo. Esos golpes que Vallejo dijo no saber (porque los golpes no se sienten se saben, se conocen, pero no se pueden hacer de ellos una tesis) talvez yo estoy por aprenderlos o ya los aprendí. ¡Total! ¿Qué me queda, Francis, sino seguir caminando por mi mismo sendero?

1 comentario:

faBi0la dijo...

KE MANERA DE EXPRESAR LAS COSAS MAS COTIDIANAS... A VECES ME HE SENTIDO ASÍ Y NUNCA SUPE ESCRIBIRLO...ME ENCANTA!